El ahora

Cuando estás acostumbrado al privilegio, la igualdad te parece que es opresión para ti.

Qué belleza guardan aquellos que no encuentran su lugar fácilmente entre tanta gente. Tal y como está el mundo, es un privilegio no encajar. –Alejandra Pizarnik, poeta argentina.

No, no te puedo desear feliz año. Te puedo desear que sigas sobreviviendo lo mejor que puedas. Con nuestros privilegios, por supuesto. Disfrutándolos con conciencia de que los tenemos y mientras no contribuyan exacerbadamente a la desigualdad con nuestros semejantes. Porque la cuestión aquí no es estar amargado por el terrible mundo que los seres humanos hemos creado, sino simplemente tener conciencia activa de lo que hemos creado. No podemos sentirnos culpables por disfrutar cada momento presente de la vida porque nos ha tocado ser unos privilegiados (occidentales), materialmente hablando. Pero sí tenemos la capacidad de que la moral no ceda, que el pensamiento crítico siga afilado, nuestro activismo no sea derrotado y la empatía no sea apagada.

¿Por qué nos sentimos solos en esta ansiedad de ver en directo un genocidio en Gaza, la destrucción progresiva del planeta, la impunidad de los crímenes de Putin en Ucrania y cientos de tragedias que hacen el mundo cada más inhumano? 

¿Por qué nos sentimos culpables de exteriorizar que nos afecta el asesinato en masa de miles  de gazatíes? 

¿Por qué hay otros que no son ni capaces de expresar la misma empatía ante este horror que se está escribiendo en la historia de la civilización ante la pasividad de Occidente, los que se llaman “los buenos”? 

¿No somos capaces de ver que cada año es, empíricamente, peor que el anterior?