Parálisis
Sobre el colapso de la coherencia.
El ataque deliberado a la verdad mediante el flujo inagotable de afirmaciones contradictorias, las negaciones constantes de lo evidente y la normalización de las mentiras como meros "hechos alternativos" ha minado algo esencial: nuestra capacidad de sostener marcos coherentes para pensar y juzgar el mundo.
- La coherencia epistemológica, esa conexión básica entre lo que creemos y lo que podemos demostrar, se ha ido diluyendo entre propaganda y teorías de la conspiración.
- La coherencia moral, la que alinea valores y acciones, se ha visto corrompida por la indignación selectiva, la ética partidista y la subordinación de los principios a los intereses políticos.
- La coherencia narrativa, la concordancia entre nuestras historias y la experiencia vivida, se ha fragmentado en relatos incompatibles que ya no permiten un diálogo significativo más allá de las divisiones políticas.
- Y la coherencia temporal, el hilo que conecta pasado, presente y futuro, se ha disuelto en un "ahora" perpetuo y caótico en el que cada ciclo de noticias borra al anterior, lo que impide prestar una atención sostenida a las crisis reales.
El resultado no es solo confusión. Es parálisis.
Sin estas formas de coherencia, no somos capaces de procesar lo que está ocurriendo. Carecemos de los marcos cognitivos y morales necesarios para reconocer el colapso democrático, para distinguir entre conflicto político normal y una amenaza estructural, y para mantener la atención y el compromiso emocional que exige la resistencia.
Por eso tanta gente, incluso quienes están en desacuerdo con el poder actual, no percibe la gravedad de la situación. No es necesariamente indiferencia. Es algo más inquietante: la capacidad de comprender de forma coherente ha sido erosionada, precisamente por las mismas fuerzas que deberían ser identificadas.